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Leyenda de Almanzor

El-Almanzor-2592-m"A finales del siglo X, Almanzor avanzaba con sus tropas por las cercanías de estas sierras, y al tomar una aldea, uno de los lugareños, para salvar la vida, se ofreció a entretener al caudillo árabe narrándole historias mientras éste cenaba.

- Allí arriba, donde la tierra rasga el cielo, se encuentra una laguna singular, mágica. Es un lugar al que ninguno de nosotros se atreve a llegar porque allí pasan cosas.

- ¡No sabes con quién hablas. Soy Almanzor. Ante mí se inclinan nobles y reyes. Conquisto cuanto quiero y nada ni nadie se me resiste.

- Pero... señor... En esa laguna hay magia. No se conoce su profundidad, y en sus aguas habitan seres que arrastran al fondo a todo aquel que se aproxima a la orilla. Además, desde ella se producen tormentas y se escuchan voces que llaman con dulzura a los caminantes que atraviesan los montes.

 

Por la mañana, Almanzor llamó a uno de sus más fieles escuderos y a cinco miembros de su guardia personal. Mientras el campamento comenzaba a desperezarse y a prepararse para continuar la campaña, los caballos azuzados por los jinetes remontaron lentamente la montaña hasta llegar a la laguna. Dejando atrás a sus acompañantes, el caudillo árabe se aproximó a la orilla.

- Yo soy Almanzor y no temo a nada ni a nadie. Si queréis salir de vuestro escondite hacedlo ahora, y si no, quedaos para siempre en el fondo, no molestéis más a los viajeros que por aquí pasan.

Esperó unos minutos, y retomando el camino subió al punto más alto desde el que se divisaba todo el valle, antes de regresar a su campamento.

Las aguas se agitaron por espacio de unos minutos ante la dura mirada del árabe, quien, alfanje en mano, esperó la salida de algún ser monstruoso del fondo de la laguna. Pero, poco a poco, la superficie acuosa se fue calmando. Almanzor guardó la espada y, desafiante, se mantuvo firme en su caballo observando el horizonte, hasta que , clavando los pies en los ijares del animal, retomó el camino. Pero en lugar de ir hacia el campamento, continuó peñas arriba llegando al punto más alto desde el que se divisaba todo el valle.

Allí soñó con la grandeza de un país bajo su mando viendo cómo el sol iniciaba su declinación por detrás de las montañas.

Desde entonces, se conoce el lugar como la Plaza del Moro Almanzor, o simplemente como Almanzor".

Leyendas de Paradores, Felipe Alonso Fernández-Checa, Reino de Cordelia, Madrid, 2011, p. 130